Érase una vez la primera fiesta organizada por los maravillosos, los incomparables, los míticos, los inigualables Acabaus. Érase una vez una Jia que decidió llevarse el iPod, su querido iPod, a dicha fiesta. Érase una Jia que, a la que después de esa fiesta, quiso utilizar su iPod, no lo encontró. Después de buscarlo sin parar día y noche, decidió que lo había perdido en algún momento de la noche. PERO HABÍA ALGO QUE NO LE CUADRABA, porque se hubiera dado cuenta de que no estaba en su sitio al llegar a casa, ella sabía que no había podido perderlo.
Acabo de encontrarlo dentro de la puta mochila en la que busqué cienes y cienes de veces. No sabéis la sensación que me ha dado estar buscando los dos lipbalms que guardé en ella el viernes y que asomara una cosa negra y cuadrada. “NO PUEDE SER, NO PUEDE SER”. Un día de estos debería hacer limpieza de toda la mierda que hay en esa mochila, he perdido un iPod durante más de un mes entre toda esa porquería.
